matare monstruos

Cuentos con causa. “Yo matare monstruos por ti”

Este post no tiene nada que ver con finanzas, simplemente he sentido la necesidad de abrir  una serie de escritos y cuentos que voy a denominar “Cuentos con Causa”

 

Yo mataré monstruos por ti

Esa soleada mañana del tardío estío, casi dos años después del horror que sufrió, ella paseaba a su nueva mascota por el antiguo motocross, cuando a lo lejos divisó un objeto brillante medio enterrado. “Vamos Las, miremos que es”. Cuando se acercó vio que era una lámpara de aceite, como las de los antiguos cuentos donde salía un genio al frotarla y ella frotó y el genio apareció y le dijo “Pídeme tres deseos y te serán concedidos” y ella solo quiso pedirle uno “Ayúdame a librarme del dolor que me rompe por dentro, ayúdame a matar a los monstruos que me persiguen” y el genio le dijo “Concedido, yo matare los monstruos por ti, pero como condición, tendrás que pedirle a un buen amigo que escriba un cuento, contando el infierno que viviste ” y entonces ella supo, por fin, lo que tenía que hacer.

Ella

Dulce y cañera a la vez, apasionada, capaz de emocionarse por una canción y al mismo tiempo bailarla desaforadamente, hermosa, humilde y con mucho estilo, culta, inteligente, con muchas cicatrices en el alma, frágil, muy sensible,  con un corazón que no le cabe en su pecho, trabajando en una profesión donde se ayuda a los demás, muy de su tierra, vamos de Burgos de toda la vida y madre soltera de un hijo maravilloso, fruto de su primer amor, en un matrimonio abortado al borde del altar.

El Monstruo

Frio, calculador, manipulador, obsesivo, con una mirada que hiela la sangre y directivo de una importante fábrica de una compañía extranjera. Recién llegado a la cuidad. Con dinero y poder en la ciudad, por los puestos de trabajo que genera dicha factoría y con un largo historial de relaciones con el mismo perfil.

La Historia

Les presentó un amigo en común y bastaron un par de cenas, algún paseo y alguna escapada juntos, para que ella sintiera que se había vuelto a enamorar, que por fin había encontrado a la persona que le ayudaría a cumplir sus sueños y el futuro que siempre había deseado para su hijo.

El monstruo supo manipularla aprovechándose de su fragilidad. Escondiendo sus intenciones en una supuesta historia de amor. Solo quería un objeto para moldearlo a sus caprichos y poder exhibirlo, en una larga tradición en su comportamiento con las mujeres.

Ella dejo el piso, en una barriada humilde, que había comprado con el padre de su hijo, y se trasladó a vivir con él, en un ático de ensueño, emocionada, ilusionada, pensando que era el amor de su vida y que un príncipe azul de los de cuento, había llamado a su corazón.

Pronto, muy pronto empezó a darse cuenta que algo no encajaba, empujones, gritos, ira, desprecios, humillaciones. “No me sirves por nada” “Eres un desastre”. “Ya no te abro la puerta porque no eres digna” “Tu hijo que no trate nunca de adelantarme para entrar en el ascensor” mientras le amenazaba al niño con un puño.

Poco a poco el precioso cuento se fue convirtiendo en la peor de las pesadillas. Empezaron las bofetadas en pocos meses y continuaron, cada vez más,  las amenazas, golpes, desprecio, humillaciones, maltrato en definitiva.  “Yo no soy así, tu eres la que me provocas, si alguna vez te pego es por tu culpa que no sabes comportarte”. “Es una manera de educar, como haces tú cuando le das un cachete a tu hijo”

Regalos, viajes a balnearios de lujo en navidad, hoteles de 5 estrellas, proyectos de casa de verano para compartir, presentarle a sus amigos y familia. El peor veneno envuelto en papel de regalo. “No volverá a pasar” “Eres el amor de mi vida” “Me he confesado y he pedido perdón a Dios”. Y ella quería pensar que era verdad, que no volvería a pasar y que el amor lo cura todo, sin darse cuenta que el amor no cura a los monstruos.

Vuelta al desprecio, a las humillaciones, al maltrato físico y emocional, bofetadas, golpes, empujones, zaherirle mientras le agarraba fuertemente por el cuello, uno de los pasatiempos favoritos del monstruo era asfixiarla hasta el desmayo, puños amenazantes, cuchillo en su cuello, pastillas misteriosas que le daba todas las noches. “No me sirves por nada”,“Estas fatal de la cabeza”, “Me has faltado el respeto y ahora te vuelves como puedas” y ella sola, volvía a la cárcel, creyendo que todo lo que pasaba era por su culpa, que no sabía comportarse, que estaba mal de la cabeza, aferrándose a esos pocos momentos del principio, cuando todo parecía un cuento de hadas.

Le hizo dejar su trabajo, sus amistades, su círculo, le aisló de todo y de todos, incluso manipuló a su familia haciéndoles creer que su hija es una desequilibrada y que menos mal que él cuida de ella.

Ella solo callaba, tratando de no molestar al monstruo, de evitar su ira y de complacerle en todo aquello que él pedía. No podía soportar el dolor y la humillación y solo aguantaba bajando la cabeza y encerrándose en sí misma. Ella tuvo preparadas las maletas muchas veces, pero fue incapaz de llevarlo a cabo.

Silencio, dolor, beber para olvidar, llorar a solas encerrada en el cuarto de baño, algún cabezazo contra la pared para que ese dolor superase al dolor del alma, sintiendo que realmente la culpa era suya, que no sabía comportarse.

El controlaba todo, sus idas, venidas, mensajes, llamadas, incluso apuntaba todo, las veces que discutían, lo que hacían cada día, grababa y guardaba todo, cómo los carceleros nazis hacían con sus víctimas.

La última noche en el infierno, ella arrodillada, con la cabeza entre las manos, mientras él le arrojaba objetos, llaves, le insultaba, le despreciaba y le humillaba. Afortunadamente el monstruo se cansó de ella y después de casi tres años de terror, con 10 kilos menos en su ya de por sí delgado cuerpo, rota física y emocionalmente, le echó al vacío, le expulsó de la cárcel de oro.

Y lo terrible es que ella sufrió por ello, cuando no era consciente que San José, con la intervención de su abuelo en el cielo, había intercedido ante Dios para dar fin a ese horror. Y sin embargo ella le suplicó, le lloro, le pidió que le dejara volver.

El día que volvió a su antiguo piso, destrozado por una pareja a quien se lo había dejado en alquiler, se derrumbó y solo podía llorar, mientras sentía como una lanza le atravesaba el corazón, partiéndole en dos.

El desenlace

Pero ella fue fuerte, apretó dientes, le rezo a Dios, con el silencio e incomprensión de su familia, mascó grava, se apoyó en buenos amigos, que le decían denúnciale, un monstruo así no puede seguir suelto, pero ella tiene miedo, solo quiere olvidar y sanarse.

Dos años después sigue sufriendo pesadillas, sigue teniendo miedo y terror, sigue padeciendo bloqueos emocionales, sigue llorando, incluso una noche se tomó alguna pastilla de más para despertarse lo más tarde posible, sigue preguntándose cómo pudo aguantar eso, como pudo dejarse humillar de esa manera, y piensa si no estará mal de la cabeza, si no se lo habrá inventado, pero también cada vez esos episodios son menos, más aislados, menos intensos, empieza a poderse reír, a sentirse bien, a saber que se va a recuperar y sanar su alma, ha recuperado su trabajo, a su familia, a sus amistades. Cuida a su hijo como solo las madres pueden hacerlo.

Hoy sabe que el genio de la lámpara, le ha concedido el deseo de curarse, al contar su horror, y así olvidar para siempre el infierno sufrido y empezar una vida nueva y ¿por qué no? poder algún día ser feliz al lado de un hombre que sea hombre y que le respete, le ame, le proteja y le cuide como ella y todas las mujeres se merecen.

Hoy sabe qué va a ser feliz y que al final ella derrotó al monstruo. El jamás podrá vivir tranquilo y en paz ni aquí, ni en la otra vida. Ella es una superviviente de un infierno que casi acaba con su vida.

“Ahora me escondo y te observo y te puedo decir:
Yo mataré monstruos por ti. Solo tienes que avisar”
Un día en el parque. Love of Lesbian

Martin Huete
Octubre 2019

Nota: Dedicado a todas las mujeres que sufren maltrato y que no denuncian por miedo y pánico. Este relato es un cuento, fruto de conversaciones e historias que he oído y como suele pasar en los cuentos, cualquier parecido con la realidad no será mera coincidencia.

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4 Responses

  1. Me ha conmovido el relato ¿cómo podría no hacerlo? he conocido personalmente historias con asombrosos parecidos; pueden ser la destrucción de una persona (mujer U hombre) cuando se cruza con un monstruo de la destrucción. Una mano tendida a todos ellos para que salgan del infierno.

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